En busca del fast food autóctono

Es muy frecuente caer en la tentación de la comida rápida cuando estamos de vacaciones. HolidayCheck propone un viaje al fast food autóctono. Porque participar en el picoteo auténtico nos ayuda a conocer mejor las ciudades.

Descubrir una ciudad por primera vez da hambre. Suele acechar de regreso al hotel. En esos momentos de flaqueza es fácil caer en la tentación de comer algo rápido. HolidayCheck ha rastreado el fast food autóctono. Porque participar en el picoteo local nos ayuda a entender mejor las ciudades. ¿Quieres saber cuáles son los snacks más deseados por los alemanes, los españoles, los portugueses o los holandeses?

Francesinha: Sándwich pantagruélico que ofrecen muchas cafeterías y restaurantes del casco histórico de Oporto junto al río Tajo. Es una merienda contundente, o un buen desayuno, tras una noche de juerga. Consiste en pan de molde blanco relleno de varias capas de embutidos: jamón cocido, chorizo, mortadela, filete de ternera o cerdo. Se recubre de lonchas de queso, se gratina y se sirve regado por una salsa picante elaborada con cerveza y tomate. La inventó un cocinero emigrante retornado de Francia. De ahí su nombre. Se come con cuchillo y tenedor porque es imposible darle un bocado.

Arancini de arroz: La primera asociación al pensar en Italia y comida rápida es la pizza. La cocina transalpina sin embargo ofrece un repertorio de aperitivos más amplio. Por ejemplo en Sicilia preparan unas croquetas de arroz muy especiales. Se llaman Arancini. Son una pasta de arroz ligado con huevo de queso parmesano o pecorino y azafrán. De ahí su color anaranjado y su nombre de arancini o naranjitas. A veces están rellenas de carne de ragú, guisantes o mozzarella. Son bolas de 10 centímetros de diámetro. En la patria de El Padrino saben cómo matar la gusa.

Bocata de calamares: Casi más típico que el cocido madrileño son los bocadillos de calamares rebozados en harina y fritos en aceite de oliva de la Plaza Mayor. En la calle Botoneras están los más antiguos. Aunque es fácil encontrarlos en cualquier bar de tapas de la capital y en muchas otras ciudades españolas. Su olor a fritanga es una de las señas de identidad de Madrid. En el norte prefieren llamarlos bocadillos de rabas. Hay que añadirles un chorrito de limón y comerlos enseguida, mientras los calamares están crujientes. Suelen cortarse en anillos de un centímetro de grosor. Si se dejan enfriar el pan acaba siendo un chicle. Madrid es la ciudad con el mercado de pescado más grande tras Tokyo, por eso no debe extrañar que la especialidad de la capital en plena meseta sean los calamares.

Currywurst: Hamburgo y Berlín se pelean por el título de haber inventado la salchicha más popular en los puestos callejeros: el currywurst o salchicha bañada en salsa de curry. Consiste en una salchicha cocida (Brühwurst) y cortada en rebanadas para absorber mejor una salsa elaborada con ketchup y curry en polvo. El autor Uwe Tim escribió una novela, “El descubrimiento de la Currywurst” que sitúa el hallazgo en Hamburgo. Es posible que fuera inventada en la ciudad hanseática –el segundo puerto más importante de Europa-, sin embargo la capital alemana ostenta el Imbiss o kiosco de currywurst más antiguo. Se llama Konnopke’s, existe desde 1930 y está al salir de la boca de metro de Schönhauser Alle.

Kroket: Los holandeses son especialistas en croquetas. Su kroket es pariente de la crujiente croquer francesa de harina y patata. A diferencia de las españolas de bechamel con jamón, o las de Portugal con bacalao y pan, las kroket suelen llevar ternera. Se hicieron muy populares tras la segunda guerra mundial. Entonces los holandeses comenzaron a preparar con las sobras de la comida todo tipo de krokets. Cuando son pequeñas y redondas se llaman bitterball y las acompañan de mostaza. Al igual que los españoles, los holandeses son auténticos fans de los rebozados y el pan rallado. Su pescadito frito se llama Kibbeling. Máquinas vending como las de la cadena Febo ofrecen calorías las 24 horas del día. Por ejemplo Frikandel o Patatje Oorlog, las “patatas fritas de batalla” pringadas en varias salsas a la vez. Son tan tragaldabas en Holanda que es posible pedir desde casa comida árabe o aceitunas a las tres o las cuatro de la madrugada.

El apetito de fast food nunca duerme…

Currywurst 

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