Viajar en la era 2.0

El 2.0 ha cambiado por completo la forma de viajar. Desde el momento en el que ideamos el viaje hasta que volvemos y reseñamos en la web todo lo visto, las fórmulas del turismo están cambiando creando nuevos rituales que todos seguimos antes de emprender una nueva aventura.

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Todo comienza en la web, lo primero que hacemos al decidir un destino es googlearlo. O varios. Porque la llegada de los vuelos low cost hacen que muchas veces cuando dudamos entre varios destinos acabemos buscando todos y comprando el más barato. Si decidimos avión buscamos en una comparadora de vuelos, si es algún sitio cercano utilizamos Blablacar para ahorrarnos unos eurillos o Areavan si pretendemos hacer una ruta en caravana. Si vamos en coche el GPS será sustituido por el Google Maps de nuestro smartphone.

Si finalmente utilizamos Blablacar y nuestras maletas no caben en el maletero las enviaremos por Seur con Packlink, el comparador de mensajería y si en destino no encontramos aparcamiento lo buscaremos por medio de una app como Parclick. Habremos anunciado nuestro viaje en Facebook y crearemos un hashtag tipo #vacacionestop para comentar todo lo que nos ocurra. Por supuesto, nuestro Instagram echará humo si nuestra tarifa de datos nos lo permita.

A la hora de buscar donde quedarse usaremos un comparador como Trivago y reservaremos en Booking o en un apartamento de Airbnb, la opción preferida entre los más jóvenes. Si somos más alternativos y creemos en otra forma de viajar usaremos Couchsurfing, una web que nos permite quedarnos en casa de particulares gratuitamente o que los alojemos nosotros.

Buscaremos donde comer en Yelp e incluso iremos a algún evento si somos élite y formamos parte de su comunidad global. Le haremos una foto a cada plato en Instagram y escribiremos nuestra reseña, quizá también en Foursquare. No quitaremos la vista de nuestros teléfonos ni un segundo y nos preguntaremos qué hacía la gente cuando se perdía y no tenía a Google para que le indicara, o cuando no sabía dónde quedarse o cuando sus maletas no cabían en el transporte y enviarlas no era una opción tan económica.

La web y los smartphones han revolucionado nuestra forma de consumir turismo. Estamos hiperinformados y hemos perdido parte del sentido de la aventura que suponía hacer un viaje. Pero también hemos ganado calidad. Hemos conseguido que se esfuercen más en satisfacer al cliente sabiendo que un cliente insatisfecho que publica en Yelp o que da una mala nota a un hotel en Booking puede llegar a miles de personas y hacer que elijan otro sitio, mientras que antiguamente solo podría informar a sus personas más cercanas y no tendría tanto interés.

La tecnología siempre tiene su lado positivo y negativo y al final todo se reduce a cómo decidamos utilizarla. Está en nuestra mano quitar los datos e ir a la aventura cuando queramos pero con la confianza de saber que con un solo click volveremos a conectarnos al mundo y podremos elegir lo mejor.

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